Himno
Nacional
Coro
¡Orientales, la patria o la tumba!
¡Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia,
y que heroicos sabremos cumplir!
¡Libertad, libertad, Orientales!,
este grito a la Patria salvó
que a sus bravos en fieras batallas,
de entusiasmo sublime inflamó.
De este don sacrosanto la gloria
merecimos ¡Tiranos temblad!
¡Libertad en la lid clamaremos,
y muriendo, también libertad!
Dominado la Iberia dos mundos
ostentaba su altivo poder,
y a sus plantas cautivo yacía
el Oriente sin nombre ni ser:
más, repente sus hierros trozando
ante el dogma que Mayo inspiró,
entre libres, y déspotas fieros,
un abismo sin puente se vio.
Su trozada cadena por armas,
por escudo su pecho en la lid,
de su arrojo soberbio temblaron
los feudales campeones del Cid:
en los valles, montañas y selvas
se acometen con muda altivez,
retumbando con fiero estampido
las cavernas y el cielo a la vez.
Al estruendo que en torno resuena
de Atahualpa la tumba se abrió,
Y batiendo sañudo las palmas
su esqueleto, ¡venganza! gritó:
los patriotas el eco grandioso
se electrizan en fuego marcial,
y en su enseña más vivo relumbra
de los incas el Dios inmortal.
Largo tiempo, con varia fortuna,
batallaron liberto, y señor,
disputando la tierra sangrienta
palmo a palmo con ciego furor.
La justicia por último, vence
domeñando las iras de un Rey;
y ante el mundo la Patria indomable
inaugura su enseña, y su ley.
Orientales mirad la bandera,
de heroísmo fulgente crisol;
nuestras lanzas defienden su brillo,
¡nadie insulte la imagen del sol!
De los fueros civiles el goce
sostengamos; y el código fiel
veneremos inmune y glorioso
como el arca sagrada Israel.
Por que fuese más alta tu gloria,
y brillasen tu precio y poder,
tres dilemas, oh Patria, se vieron
tu dominio gozar, y perder.
Libertad, libertad adorada,
¡mucho cuestas, tesoro sin par!
Pero valen tus goces divinos
esa sangre que riega tu altar.
Si a los pueblos un bárbaro grita,
removiendo su extinto furor,
fraticida discordia evitemos,
¡diez mil tumbas recuerdan su horror!
Tempestades el cielo fulmina,
maldiciones descienden sobre él,
y los libres adoren triunfantes
de las leyes el rico joyel.
De laureles ornada brillando,
La Amazona soberbia del Sud,
en su escudo de bronce reflejan,
Fortaleza, Justicia y Virtud.
Ni enemigos le humillan la frente,
Ni opresores le imponen el pié:
Que en angustias selló su constancia,
Y en bautismo de sangre su fé.
Festejando la gloria, y el día
de la nueva República el Sol,
con vislumbres de púrpura y oro,
engalana su hermoso arrebol.
Del Olimpo la bóveda augusta
resplandece, y un ser divinal
con estrellas escribe en los Cielos,
Dulce Patria, tu nombre inmortal.
De las Leyes el Numen juremos
Igualdad, patriotismo y unión,
inmolando en sus aras divinas
ciegos odios, y negra ambición.
Y hallarán los que fieros insulten,
la grandeza del Pueblo Oriental,
si enemigos, la lanza de Marte,
si tiranos de Bruto el puñal.
¡Orientales, la patria o la tumba!
¡Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia,
y que heroicos sabremos cumplir!